II Encuentro Nacional Anika Entre Libros (19 y 20 de Mayo en FNAC de Callao-Madrid)

Hace ya un año que celebramos el I Encuentro Nacional Anika Entre Libros y nos enorgullece invitaros a participar en la segunda edición, que tendrá lugar los días 19 y 20 de Mayo de 2012 en el Foro de la FNAC de Callao (Madrid).

Este evento no se podría realizar sin la ayuda de todos los que os habéis hecho socios a lo largo del año y, muy en especial, sin el apoyo económico por parte de los siguientes patrocinadores:

*EDITORIAL NOWEVOLUTION

*NOVELARIUM Contenidos

*ZW AGENCIA LITERARIA

 

 

 

 

También queremos agradecer a las editoriales que nos han donado libros para regalar a los asistentes:

SALTO DE PÁGINA, PLATAFORMA, ALGAIDA, LA FACTORÍA DE IDEAS, EVOHÉ, 451 EDITORES, EDIMATER , EVEREST, EDELVIVES, VERSÁTIL,  LA GALERA, KRAKEN, ALGÓN, MACMILLAN, PLAZA&JANÉS, 23 ESCALONES Y NOWEVOLUTION. 

Y, por supuesto, a la FNAC de Callao, donde se celebrará el Encuentro.

fnac

Hemos añadido un documento en el grupo de Facebook y en el blog informando de todos los libros recibidos, los horarios y los patrocinadores que iremos actualizando.

El evento en facebook: https://www.facebook.com/events/403725286327509/

COMO EL AÑO PASADO, HABRÁ TAMBIÉN SORTEO DE LIBROS ENTRE TODOS LOS ASISTENTES QUE ACUDAN AL EVENTO. (libros para sorteo)

Muchísimas gracias a todos.

El programa  es el siguiente:

SÁBADO 19 DE MAYO
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10:30h: Presentación cruzada entre VICTORIA RODRÍGUEZ (“Los guardianes de la espada) y OLGA SALAR (Melodía Inmortal). Ambas de la editorial Kiwi.

11:10h Descanso

11:20h: LUISA VILLAR LIÉBANA presentará la serie de libros sobre Cloti la gallina detective, publicados por la ed. MacMillan (El misterio de la flauta mágica, El misterio de la momia Locatis, El misterio de los huevos de oro y El misterio del dragón de ojos de fuego) de la mano de SANTIAGO GARCÍA-CLAIRAC

11:50h: Descanso

12:00h: MARINELLA TERZI presenta “Falsa naturaleza muerta” (ed. Edelvives) de la mano de SANTIAGO GARCÍA-CLAIRAC

12:30h Descanso

12:40h: JOAQUÍN LONDÁIZ presenta “La hermandad de la eterna oscuridad” (Ed. Espasa) de la mano de SANTIAGO GARCÍA-CLAIRAC

13:10h: Descanso

13:20h Charla : ¿Qué convierte en juvenil a una novela?

14:10h Descanso
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17:00h La ed. NOWEVOLUTION presenta: ” El corazón del tiempo” de JUANJO DE GOYA y ” Los últimos libres” de VÍCTOR M. VALENZUELA

17:50h Descanso

18:00h JAVIER PELLICER presenta “El espíritu del lince” (Ed. Pàmies) de la mano de ALFONSO MATEO SAGASTA.

18:30h Descanso

18:40h EMPAR FERNÁNDEZ presenta “Sin Causa aparente” (Ed. Plataforma) de la mano de JULIA MARTÍNEZ

19:10: Descanso

19:20h Presentación cruzada entre EMILIO BUESO CON ” Cenital” e iSMAEL MARTÍNEZ BIURRUN con ” El escondite de Grisha”, ambos de la Ed. Salto de Página y acompañados por ANIKA LILLO

20:10h Descanso.

20:20h Charla sobre terror con J.E. ÁLAMO y su “Tom Z. Stone” (Ed. Dolmen) y VICTORIA ÁLVAREZ con su “Hojas de Dedalera” (Ed. Versátil): Zombis Vs Fantasmas

DOMINGO 20 DE MAYO
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12:00h: LUIS BESA presenta ” Ínsula Avataria” (ed. Transversal) acompañado por Sandra López

12:30h Descanso

12:40h: KIKO PÉREZ nos presenta “Como borregos: Crisis” de la Ed. Kraken de la mano de JESÚS JIMÉNEZ

13:10h Descanso

13:20h: Charla “La narrativa en el cómic de Super Héroes” por ALBERTO MORÁN ROA

14:10h: Descanso

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17:00h: RAMÓN MUÑOZ presenta “La tierra dividida” (Ed. Pàmies) de la mano de NURIA MAYORAL

17:30h: Descanso

17:40h: Presentación cruzada de PHIL CAMINO con “Belmanso” (Ed. Plataforma) y Mª JOSÉ GALVÁN con “El patio dormido” (Ed. Evohé) de la mano de SOLEDAD GALLARDO

18:30h: Descanso

18:40h: Presentación de MARÍA ZARAGOZA: “Los alemanes se vuelan la cabeza por amor” (Ed. Algaida) por FERNANDO MARÍAS

19:10h: Descanso

19:20h: Presentación de JAVIER MÁRQUEZ SÁNCHEZ con “Letal como un solo de Charlie Parker” (Ed. Salto de Página), acompañado de SERGIO VERA y PABLO MAZO.

19:50h: Despedida.

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Cambios en las Jornadas de Novela Negra de Tiramisú Entre Libros

Ante la posibilidad de dar demasiadas ideas a los encargados de cátering, y para evitar ciertos sustos e investigaciones policiales, se ha tomado la decisión de cambiar nuestra charla sobre gastronomía y novela negra por una sobre la figura de Sherlock Holmes.

Esperemos os sea útil para pulir vuestras dotes detectivescas, o para planear el asesinato perfecto.

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Jornadas de Novela Negra de Tiramisú Entre Libros (Madrid): 28 de Abril

El próximo día 28 de Abril nos reuniremos en la Fnac de Castellana para disfrutar de dos pasiones: La literatura, y los crímenes sin resolver.

Para esta ocasión, teníamos pensado asesinar a uno de los asistentes y que el resto investigara quién había sido el autor, a modo de Cluedo real, pero tras hablar con nuestros abogados y directores de marketing, hemos preferido dejarlo estar, que eso no crea muy buena prensa.

Os pasamos el programa final del evento:

12:00h Sherlock Holmes de ayer y de hoy, a cargo de Alberto Morán Roa y miembros de la AMFE.

12:50h Descanso

13:00h Lectura dramatizada de relato corto “negro”. Título: “El Caramelo”. Autor: Roberto Redondo (Velkar), miembro de la Federación Española de Fantasía Épica – Asociación de Madrid “AMFE: El Oráculo del Fénix”. Personae Dramaticae: miembros de la AMFE.”

13:50h Descanso

17:00h: Bienvenida.

17:10h: Presentación cruzada de “Y de lejos parecen moscas” de Kike Ferrari (conexión en directo desde Argentina) y “El chef ha muerto” de Yanet Acosta, (ambos de Ed. NUC). Les acompañará Nuria Mayoral.

17:50h Descanso

18:00h: Tertulia: “Claves de la novela negra” por: Yanet Acosta, Kike Ferrari, Marcelo Luján y Pedro de Paz.

18:50h: Descanso

19:00h: Presentación cruzada de “Moravia” de Marcelo Luján (Ed. El Aleph) y “La senda trazada” de Pedro de Paz (Ed. Algaida). Les acompañará Julia Martínez.

19:40h: Descanso

19:50h: Dibujando el crimen: Actividad en la que los autores leerán su fragmento preferido de las obras que presentan y cuatro ilustradores de la Federación Española de Fantasía Épica estarán plasmando mediante distintas técnicas pictóricas esos mismos fragmentos en directo.

21:00h Fin

Durante el evento se podrán adquirir de forma totalmente voluntaria por 2€ papeletas para participar en el sorteo de dos lotes de libros, que se realizará al finalizar la tarde.

Esta jornada se realizará gracias a la colaboración de Tiramisú Entre Libros con la Federación Española de Fantasía Épica y, por supuesto FNAC Castellana.

Recordad que el II ENAEL (Encuentro Nacional de Anika Entre Libros) se acerca. Id preparando las maletas para el 19 y 20 de Mayo.

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Tiramisú Entre Libros en Valencia: 14 de Abril en Bibliocafé

                 

El sábado 14 de Abril tendrá lugar en Bibliocafé (C/ Amadeo de Saboya, 17, Valencia), una nueva reunión de Tiramisú Entre Libros.

17:30h Bienvenida

17:35h Emilio Bueso presenta su nueva novela, “Cenital” (Ed. Salto de Página) acompañado de Anika Lillo.

18:15h: Descanso

18:30h: Presentación de la antología de NOCTE “Insomnia” (ed. Grupo AJEC), por Joe Álamo, Sergio Mars, Emilio Bueso y Alfredo Álamo.

19:00h Descanso

19:15h Charla y merienda con tiramisú!

Como en cada ocasión, habrá la posibilidad de participar en el sorteo de dos lotes de libros, cada papeleta costará 2€ y es totalmente voluntario participar.

Os esperamos !

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1º Premio del Concurso de Fantasía Épica: “La furia de Zaltar” – por José Luis Zapatero

El estandarte negro ondeaba hecho jirones en la cima de la colina. La batalla había sido larga y cruenta, y los ammunitas restañaban sus heridas tras la victoria. Los cadáveres amontonados en la ladera eran inspeccionados por los soldados en busca de supervivientes. Su orden era tajante: sin prisioneros.

Wildo observaba hastiado el espectáculo junto a Zaltar, el temible caudillo. Los esclavos trajeron apetitosas viandas que dispusieron sobre un tapiz y dos bellas serzanas comenzaron a bailar para amenizar la comida.

Con las manos aún manchadas de sangre seca, Zaltar se llevó a la boca un puñado de dátiles con miel, emitió un gruñido de satisfacción, e hizo un gesto a sus generales para que se uniesen al festín. Todos reían y celebraban ruidosamente su superioridad frente al ejército enemigo; solo Wildo permanecía ausente.

Aquella noche, Wildo se armó de valor y se dirigió a la ciénaga de Minska en busca de Rabsala, la hechicera. Llegó hasta su gruta tras atravesar pestilentes y oscuros parajes, acechado por miles de ojos y sintiendo el frío húmedo y pegajoso en cada uno de sus huesos.

La anciana se sorprendió al verlo llegar.

—¿Qué haces tú aquí? Deberías estar de vuelta en el castillo de Zaltar. Se supone que yo debo estar sola, sin más compañía que mis criaturas y mis pócimas. Esto es algo inusual… ¡Nunca me informan de nada!

Wildo le mostró las palmas de las manos para apaciguarla.

—Tranquila. Nadie sabe que estoy aquí.

—Tanto como nadie… —gruñó la hechicera—. Él tiene que saberlo.

—Él tampoco lo sabe.

Rabsala le miró fijamente a los ojos.

—¿Qué quieres decir?

—Pues eso, que he venido por mi cuenta.

—¿Sin que Él te lo ordene? ¿Sin que Él lo escriba?

—¡Exacto! —respondió Wildo con orgullo—. Ya iba siendo hora de tener cierta independencia.

—¡Eres un elfo idiota! No puedes ser independiente: ninguno lo somos —zanjó la anciana.

—Esa es la cuestión. Llevo tiempo pensándolo, pero hoy me he decidido y he venido a buscarte desde el capítulo ocho. He dejado allí al pesado de Zaltar y a sus brutos generales en uno de sus banquetes. Total, adivino lo que viene después: el caudillo se retirará a su tienda con las esclavas serzanas y los demás seguirán bebiendo y disputándose los despojos de la victoria.

—No seas tan listo. Eso aún no está escrito.

Wildo se encogió de hombros y suspiró.

—¿Y qué? Me lo sé de otras veces.

—Tú no decides lo que sucede y lo que no. Debes acatar lo que escriben para ti, igual que hacemos todos.

—Pero ya estoy harto. Estoy harto de los campos de batalla y de las tierras ignotas. Harto de ser el consejero de un botarate como Zaltar que no sabe distinguir su mano derecha de la izquierda y no piensa más que en empuñar la espada. Harto de esta interminable novela. No me negarás que pasa de castaño oscuro: «La furia de Zaltar» iba a ser un único libro y ya vamos por una tetralogía…

Rabsala le interrumpió con gesto brusco.

—No deberías quejarte. Eso es señal de que se vende y te convertirás en un personaje inmortal.

—Wildo el elfo…, ¡menudo personaje! Francamente, preferiría no pasar a la historia si va a ser de este modo.

—¿Se te ocurre algo mejor? —preguntó burlona la hechicera.

—Pues mira, sí. Para empezar me gustaría llamarme William, que suena más distinguido, y no querría vivir en estas asquerosas tierras donde siempre hay niebla y siempre está a punto de anochecer. Hay otros sitios mejores, ¿sabes? Hay un lugar que se llama Central Park y puedes pasear al sol y está lleno de niños y de personas interesantes.

—¿De dónde has sacado esas ideas?

Wildo miró a ambos lados antes de responder, asegurándose de que nadie más les escuchaba, y susurró:

—He visitado otros libros.

—¡No puedes hacerlo! —exclamó escandalizada Rabsala—. ¿Qué sucedería si alguien los abriese y aún estuvieras dentro?, ¿te has vuelto loco?

—Lo hago de noche y nadie va a leer a esas horas. Lo único que me lo impide es cuando a Él le da por quedarse escribiendo hasta las tantas y me tiene de aquí para allá con sus bobadas. Debería dejarnos en paz para que hagamos nuestra vida.

—Esta es nuestra vida —replicó airada Rabsala.

—Estás equivocada. Hay otras páginas ahí fuera. Gente estupenda que te encantaría conocer. En Central Park, sin ir más lejos, conversé con un chico encantador. Se llama Holden y andaba preocupado por dónde irían los patos del estanque en invierno cuando el agua se helase. Y más allá del parque conocí a Holly, una preciosa joven que me dijo que vivía de pedir cincuenta dólares a los hombres para ir al tocador. No entendí nada, pero tengo que volver a verla.

—¿Y qué quieres de mí?

—Tú eres bruja, tienes poderes mágicos; te han escrito así. Haz que Él deje de escribir, que seamos libres para escoger nuestra propia historia.

—¡Pero le debemos lo que somos!

—Mírate Rabsala: vieja, fea y condenada a vivir en una ciénaga infecta. Piénsalo y haz lo que creas conveniente, yo debo volver a mi capítulo.

El escritor se levantó temprano y pasó el día frente al ordenador. Imaginó una nueva escena con la hechicera e hizo que preparara extrañas pócimas, pronunciando conjuros con palabras desconocidas que parecían dictadas por su propio personaje. Antes de acostarse releyó las nuevas páginas en voz alta y se fue a la cama convencido de su gran talento.

A la mañana siguiente se encontraba raro, fue a mirarse al espejo del baño y se quedó petrificado al contemplar a un ser con orejas puntiagudas, nariz afilada, ojos amarillos y brillantes, y un tono de piel decididamente verde.

El escritor gritó y corrió escaleras abajo, corrió al llegar a la calle, y no se detuvo hasta desaparecer de la vista de todo el mundo. El volumen que cerraba la tetralogía de «La furia de Zaltar» nunca llegó a las librerías.

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2º Premio del Concurso de Fantasía Épica: “La mirada del Enviudador” – por Alberto Morán Roa

Almorzaban Dorotea de Oz y Alicia de Maravilla, duquesas casamenteras de sus respectivos dominios, rodeadas de manjares y barrocos ornamentos. El banquete discurría por la amena senda de lo banal, lo ingenioso y lo anecdótico, cuando un cortesano anónimo y achispado hizo un comentario sobre castigar a los más incorregibles delincuentes con el baile pendular de la horca.

De cruel e inhumana medida tachó Alicia la idea. «Cuando una corona se empapa de sangre acaba pidiendo más, como si el oro del que está forjada se tornase adicto a su sabor, convirtiendo las rosas blancas en rojas y la pretendida justicia, en una bacanal de cabezas cercenadas».

En pie se puso Dorotea, dejando que la servilleta que protegía su pechera cayese sobre los muslos de perdiz confitada. Calificó las palabras de Alicia de balbuceos propios de una niña asustadiza y arguyó que los peores bandidos, como las brujas malas, no merecían otro fin.

Tras una tormenta de acusaciones y vilipendios, reinó el silencio que se adueña de los campos de batalla cuando el último estandarte ha caído. Enmudeció el tintineo de cubiertos, quedaron las carnes sin lengua que las catase y las rechonchas manos de los eunucos cubrieron bocas abiertas.

Las miradas dijeron lo que las palabras ausentes no osaron.

Una semana después marchó a la guerra procedente de Maravilla una legión bruna y escarlata de naipes capitaneada por un caballero blanco. Le seguían orugas cargadas de humos y mejunjes con los que convertir en pulga al coloso y viceversa. Las sombras de monos voladores tiñeron de gris el camino de baldosas amarillas, sobre el que avanzaba un ejército de hombres de hojalata, leones y tigres.

El Emperador de Fantasía, temiendo una masacre, llamó en secreto al mejor de sus diplomáticos.

Archibaldo von Pallas era un córvido, mitad cuervo, mitad humano: plumas negras nacían de sus antebrazos, caminaba sobre patas garrudas y su cabeza lucía un pico azabache y ojos vacíos. Ambicioso, astuto, zalamero con las meretrices, altanero con los nobles y con el corazón lleno -decían las habladurías- de rencor y cicatrices por su origen plebeyo, había mediado en innumerables conflictos. «¿Qué mejor diplomático que aquel acostumbrado a hurgar entre la carroña?», solía decir, acompañando sus palabras de roncos graznidos.

—Difícil tarea pedís —voznó Archibaldo ante el soberano—, ya que no hay agravio mayor que el de la opinión contradicha: insultar una palabra es insultar a quien la profiere, pues un pedazo del alma depositamos en el verbo—. Después, deseando ver admirado su arrojo, ofreció una solución osada—: Ni el oro ni las palabras pondrán fin a la guerra, sino un enemigo común que fuerce a los dos bandos a unirse para destruirlo. Dejad que hable con el Enviudador, Aquel que Crea Monstruos.

El emperador ahogó una exhalación. El Enviudador era el nombre de una criatura cuya sola mención congelaba las entrañas. Nació antes que el Imperio de Fantasía, nadie sabe cómo, y habitaba un montón de piedras que apenas podía llamarse cabaña: allí, en lo profundo de una foresta donde nunca salía el sol, insuflaba vida a impías creaciones.

Partió Archibaldo tras recibir el beneplácito del emperador, embozado, farolillo en mano, camuflando su pavor con falso arresto y cantando desafinadamente para tranquilizarse. El suelo era húmedo y sus espolones se enredaban en matorrales espinosos. ¿Eran susurros aquello que oía, o solo el viento? Aceleró el paso igualmente.

Cuando llamó a la puerta de la palloza, abrió un anciano tan marchito como el bosque, con los párpados y labios cosidos con hilo.

—Busco… —gimió Archibaldo—. Busco al Enviudador, Aquel que Crea Monstruos.

—¿Para qué quebrantas su soledad? —musitó el viejo a través de las costuras. Un delicado humo negro se filtraba entre sus labios cada vez que los movía, como si bullese un infierno en aquel pecho lánguido.

—Me envía el Emperador de Fantasía para detener la guerra entre las duquesas Dorotea de Oz y Alicia de Maravilla.

—¿Y cómo piensas hacerlo, criatura?

—Tengo permiso para solicitarle la creación de un monstruo atroz —murmuró sin levantar la vista mientras revelaba un documento con el sello imperial—. Algo tan terrible que las duquesas no tengan más remedio que olvidar sus diferencias y unir sus fuerzas para derrotarlo.

El Enviudador ladeó sensiblemente la cabeza. En aquella voz ronca había inquietud, pero también palpitaba cierto orgullo.

—¿Ha sido tuya la idea?

—Sí, señor. El terror empuja a la salida del laberinto del odio…

Una carcajada produjo gruesas volutas de humo. La mente de Archibaldo, envenenada de pánico, vagó hasta el recuerdo del frío lecho donde dormía siendo apenas un polluelo. Se sintió como entonces: pequeño, asustado e indefenso. Tragó saliva.

—A un enemigo de carne puede dársele nombre y muerte. Esa certeza crea esperanza y en tu plan no debe haber sitio para ella, pues una vez nace no hay fuerza capaz de extinguirla. No será un miedo mortal lo que detenga la guerra.

El anciano extrajo una navaja corta y sucia.

—¿Qué será entonces, señor?

—El más voraz de todos. El miedo a lo desconocido.

El viejo llevó la navaja hacia sus propios ojos y comenzó a cortar los pespuntes.

Una semana después, Alicia y Dorotea detuvieron a sus ejércitos, boquiabiertas. Ante ellas, en mitad del lugar escogido como campo de batalla, se erguía el cadáver de un enorme cuervo colgado como un espantapájaros. En sus ojos azabaches palpitaba un terror primigenio, infinito, más antiguo que el hombre, más que la muerte. Una única palabra escrita con el engrudo violáceo que manaba de su pico se extendía sobre la tierra:

«Temedme.»

Los naipes regresaron tras los matacanes de sus castillos y los hombres de hojalata patrullaron las tierras de Oz para protegerlas de aquella amenaza ignota. Alicia y Dorotea escudriñaron durante lustros el horizonte, aguardando como animales asustados a un enemigo que jamás llegó.

Y en la pradera donde había de librarse la contienda que nunca fue continúa el cadáver marchito, cuyos ojos reflejan aún y para siempre la mirada del Enviudador.

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3º Premio del Concurso de Fantasía Épica: “Jaque mate no, tablas” – por Francisco Paula Pérez Parte

Un ruido de tacones al repiquetear con ritmo desigual sobre la fría roca llenaba la mazmorra en penumbra. Allí no llegaban los vítores del exterior, esos desvergonzados cánticos de gloria proferidos sin pudor alguno por los que hace tan solo unas horas eran sus leales súbditos.

En condiciones normales no le habría importado. Ella era la Reina y eso le bastaba. Jamás había necesitado aduladores a su alrededor. Pero hoy aquel silencio que no ocultaba su existencia solo servía para encender aún más su ira, aquella ira de carbón al blanco que abrasaba su ánimo a cada instante.

Él les había prometido muchas cosas. Les había descubierto la libertad, decían. Les traía tiempos de bonanza, campos llenos y tributos bajos. Solo con mirar cómo les hablaba, desde la brillante atalaya plateada de su coraza, ya todos pensaban que la enfermedad y el hambre eran cosas del pasado, frutos de un mal sueño demasiado tiempo soportado.

—Anhelos legítimos de patanes de mente estrecha— jadeó, dejando que algo de su inquina escapase de entre sus agrietados labios.

Alcanzó al fin la luz de una antorcha a la que apenas le restaban unos instantes para verse consumida y forzó su renqueo para rebasarla cuanto antes. Su tiempo, tan exiguo como sus fuerzas, mermaba con cada suspiro. Pronto los hombres del nuevo rey se le echarían encima y entonces… entonces la partida habría terminado y ella no podría hacer justicia.

—Maldito seas. Maldito cien veces. Maldito mil veces— gruñó, arrugando el gesto un poco más mientras tiraba de su pierna golpeada con el resto del cuerpo para continuar en su implacable avance hacia las entrañas mismas de la oscuridad.

Todo había sucedido tan rápido…

— Ayer en la cumbre, hoy en el lodo. Malditos sean los volubles corazones de la plebe. ¡Malditos sean todos!

El golpe había sido dado con maestría, eso tenía que reconocerlo. No se derroca una estructura de poder como la de ella en apenas unas horas si no se ha planeado todo con un cuidado exquisito y, sobre todo, si no se ha realizado un trabajo sinuoso y rastrero a espaldas del mundo durante años.

—Mi hijo. Mi propio hijo— susurró a las frías paredes de piedra que flanqueaban su penoso avance, reprimiendo un sollozo —. No. No puedo venirme abajo ahora. No puedo permitírmelo todavía. No hasta hacer justicia. Ya habrá tiempo para descansar… o lo que sea… cuando todo haya acabado.

El Príncipe, adalid incólume del pueblo victorioso, había derrotado a la oscuridad llevando al trono la luz de la virtud. La muchedumbre enfebrecida coincidiría en eso, por supuesto. Ya solo faltaba dar por concluida la improvisada ceremonia pública de coronación para dar por zanjado el asunto. La malvada reina había sido derrocada, y con ella se irían todas las desgracias que habían concurrido en el reino en los últimos años. Al fin y al cabo, ¿acaso no se trataba de una terrible bruja que hacía pactos con el diablo y que había vendido su alma, no una sino cien veces, para lograr sus oscuros fines de corrupción y poder sin medida? ¿Acaso no bebía sangre de niños torturados en la privacidad de su alcoba, y se bañaba en licor y leche de loba en compañía de sus cohortes de esclavos amantes mientras su pueblo pasaba hambre, frío y toda clase de vicisitudes?

—Demasiado tiempo he desoído esos absurdos murmullos de taberna. Ahora ya es tarde. La serpiente ha vencido a la mangosta. Pero esto no quedará así. No mientras aún me queden dientes— aseguró, notando al fin el áspero contorno de la puerta oculta bajo sus doloridos dedos.

Con trémula ansiedad accionó el picaporte, antes incluso de haber introducido la llave que llevaba colgada al cuello en la cerradura. Cuando el breve forcejeo llegó a su fin, la Reina entró en la lóbrega estancia y se dirigió sin detenerse hacia el rincón en el que se encontraba uno de sus tesoros más preciados: la daga de Atyanti.  La hoja, de más de un palmo de largo, labrada como una sucesión siniestra de runas entrelazadas, se engarzaba en una empuñadura que se afilaba hasta concluir en una punta estriada de desagradable aspecto. Mucha era la sangre que había corrido por el sinuoso filo de aquel arma, pues fue concebida como herramienta principal a la hora de realizar sacrificios a dioses ya olvidados por la mayoría.

—Pero hoy no, querida… hoy serás mi herramienta de justicia. Hoy serás la que selle mi venganza— le confesó la Reina, casi con cariño. Acababa de encender dos velas púrpura y su luz hacía que del amarillento hueso de la empuñadura y del oscuro acero de la hoja salieran unos misteriosos destellos.

—¡Por el lazo de sangre, yo te invoco! ¡Por el derecho adquirido de una madre, yo te invoco! ¡Por la justicia de quien ha sufrido engaño! ¡Por la venganza que emana de la traición, yo te invoco! ¡Ven a mí, Poder Último, Satisfacción del Más Allá, y permíteme pagar con mi sangre por sacar a la luz la verdad, cubriendo con mi gesto el destino del que cree poder derrotar y expulsar a la dueña y señora de estas tierras con la sola fuerza de su espada!— aulló, alzando los brazos ante el atril en el que tantas veces antes habían encontrado su final las vidas de aves de corral y animalejos varios. Los ecos del ruido de las botas de los soldados del príncipe ya resonaban por el pasillo.

—¡Y si mi reivindicación es ilegítima, Juez Supremo, llévate mi alma y entiérrala en su sufrimiento! ¡Que sufra solo yo las consecuencias de mi locura! Pero en caso contrario… ¡muera conmigo el causante de mi mal y desaparezca de la faz de la tierra su memoria!

El metal rasgó entonces la garganta de la Reina, vertiendo sobre el suelo de piedra su granate contenido. En ese momento, las botas del pasillo callaron mientras, en el exterior, la muchedumbre enmudecía como antesala del olvido.

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