1º Premio del Concurso de Fantasía Épica: “La furia de Zaltar” – por José Luis Zapatero

El estandarte negro ondeaba hecho jirones en la cima de la colina. La batalla había sido larga y cruenta, y los ammunitas restañaban sus heridas tras la victoria. Los cadáveres amontonados en la ladera eran inspeccionados por los soldados en busca de supervivientes. Su orden era tajante: sin prisioneros.

Wildo observaba hastiado el espectáculo junto a Zaltar, el temible caudillo. Los esclavos trajeron apetitosas viandas que dispusieron sobre un tapiz y dos bellas serzanas comenzaron a bailar para amenizar la comida.

Con las manos aún manchadas de sangre seca, Zaltar se llevó a la boca un puñado de dátiles con miel, emitió un gruñido de satisfacción, e hizo un gesto a sus generales para que se uniesen al festín. Todos reían y celebraban ruidosamente su superioridad frente al ejército enemigo; solo Wildo permanecía ausente.

Aquella noche, Wildo se armó de valor y se dirigió a la ciénaga de Minska en busca de Rabsala, la hechicera. Llegó hasta su gruta tras atravesar pestilentes y oscuros parajes, acechado por miles de ojos y sintiendo el frío húmedo y pegajoso en cada uno de sus huesos.

La anciana se sorprendió al verlo llegar.

—¿Qué haces tú aquí? Deberías estar de vuelta en el castillo de Zaltar. Se supone que yo debo estar sola, sin más compañía que mis criaturas y mis pócimas. Esto es algo inusual… ¡Nunca me informan de nada!

Wildo le mostró las palmas de las manos para apaciguarla.

—Tranquila. Nadie sabe que estoy aquí.

—Tanto como nadie… —gruñó la hechicera—. Él tiene que saberlo.

—Él tampoco lo sabe.

Rabsala le miró fijamente a los ojos.

—¿Qué quieres decir?

—Pues eso, que he venido por mi cuenta.

—¿Sin que Él te lo ordene? ¿Sin que Él lo escriba?

—¡Exacto! —respondió Wildo con orgullo—. Ya iba siendo hora de tener cierta independencia.

—¡Eres un elfo idiota! No puedes ser independiente: ninguno lo somos —zanjó la anciana.

—Esa es la cuestión. Llevo tiempo pensándolo, pero hoy me he decidido y he venido a buscarte desde el capítulo ocho. He dejado allí al pesado de Zaltar y a sus brutos generales en uno de sus banquetes. Total, adivino lo que viene después: el caudillo se retirará a su tienda con las esclavas serzanas y los demás seguirán bebiendo y disputándose los despojos de la victoria.

—No seas tan listo. Eso aún no está escrito.

Wildo se encogió de hombros y suspiró.

—¿Y qué? Me lo sé de otras veces.

—Tú no decides lo que sucede y lo que no. Debes acatar lo que escriben para ti, igual que hacemos todos.

—Pero ya estoy harto. Estoy harto de los campos de batalla y de las tierras ignotas. Harto de ser el consejero de un botarate como Zaltar que no sabe distinguir su mano derecha de la izquierda y no piensa más que en empuñar la espada. Harto de esta interminable novela. No me negarás que pasa de castaño oscuro: «La furia de Zaltar» iba a ser un único libro y ya vamos por una tetralogía…

Rabsala le interrumpió con gesto brusco.

—No deberías quejarte. Eso es señal de que se vende y te convertirás en un personaje inmortal.

—Wildo el elfo…, ¡menudo personaje! Francamente, preferiría no pasar a la historia si va a ser de este modo.

—¿Se te ocurre algo mejor? —preguntó burlona la hechicera.

—Pues mira, sí. Para empezar me gustaría llamarme William, que suena más distinguido, y no querría vivir en estas asquerosas tierras donde siempre hay niebla y siempre está a punto de anochecer. Hay otros sitios mejores, ¿sabes? Hay un lugar que se llama Central Park y puedes pasear al sol y está lleno de niños y de personas interesantes.

—¿De dónde has sacado esas ideas?

Wildo miró a ambos lados antes de responder, asegurándose de que nadie más les escuchaba, y susurró:

—He visitado otros libros.

—¡No puedes hacerlo! —exclamó escandalizada Rabsala—. ¿Qué sucedería si alguien los abriese y aún estuvieras dentro?, ¿te has vuelto loco?

—Lo hago de noche y nadie va a leer a esas horas. Lo único que me lo impide es cuando a Él le da por quedarse escribiendo hasta las tantas y me tiene de aquí para allá con sus bobadas. Debería dejarnos en paz para que hagamos nuestra vida.

—Esta es nuestra vida —replicó airada Rabsala.

—Estás equivocada. Hay otras páginas ahí fuera. Gente estupenda que te encantaría conocer. En Central Park, sin ir más lejos, conversé con un chico encantador. Se llama Holden y andaba preocupado por dónde irían los patos del estanque en invierno cuando el agua se helase. Y más allá del parque conocí a Holly, una preciosa joven que me dijo que vivía de pedir cincuenta dólares a los hombres para ir al tocador. No entendí nada, pero tengo que volver a verla.

—¿Y qué quieres de mí?

—Tú eres bruja, tienes poderes mágicos; te han escrito así. Haz que Él deje de escribir, que seamos libres para escoger nuestra propia historia.

—¡Pero le debemos lo que somos!

—Mírate Rabsala: vieja, fea y condenada a vivir en una ciénaga infecta. Piénsalo y haz lo que creas conveniente, yo debo volver a mi capítulo.

El escritor se levantó temprano y pasó el día frente al ordenador. Imaginó una nueva escena con la hechicera e hizo que preparara extrañas pócimas, pronunciando conjuros con palabras desconocidas que parecían dictadas por su propio personaje. Antes de acostarse releyó las nuevas páginas en voz alta y se fue a la cama convencido de su gran talento.

A la mañana siguiente se encontraba raro, fue a mirarse al espejo del baño y se quedó petrificado al contemplar a un ser con orejas puntiagudas, nariz afilada, ojos amarillos y brillantes, y un tono de piel decididamente verde.

El escritor gritó y corrió escaleras abajo, corrió al llegar a la calle, y no se detuvo hasta desaparecer de la vista de todo el mundo. El volumen que cerraba la tetralogía de «La furia de Zaltar» nunca llegó a las librerías.

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About Tiramisú Entre Libros

La Asociación Cultural Tiramisú Entre Libros nació en 2011, formada por un grupo de escritores, lectores amantes de la literatura y algunos colaboradores de la web Anika Entre Libros que querían mantener el espíritu tan especial que se creó durante el I Encuentro Nacional Anika Entre Libros en Madrid, organizado por Elena Martínez Blanco durante los días 30 y 31 de Enero de 2011. Tras dos años de actividad ininterrumpida todos los meses organizando los famosos “Tiramisús” tanto en Madrid como en Valencia, la asociación tomó la decisión de cerrar, entre otros motivos, por puro agotamiento. Un año después, en 2014, salimos de nuestro letargo con ánimos y sangre renovada para iniciar nuevas actividades culturales y literarias que esperamos sean de vuestro agrado. No pretendemos realizar actividades todos los meses porque, de momento, somos conscientes de la imposibilidad de hacerlo por falta de medios. Serán actividades puntuales, como el I Festival de Literatura Infantil y Juvenil de Tres Cantos, o algunas de nuestras antiguas reuniones de Tiramisú. Entre las propuestas que nos han llegado ya, colaboraremos algunos meses con el bar Cadillac Solitario (C/ Fermín Caballero, 6, Madrid), que quiere lanzar una actividad cultural contando con nosotros. Os mantendremos informados. Puedes contactar con nosotros en: tiramisuentrelibros@gmail.com
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