3º Premio del Concurso de Fantasía Épica: “Jaque mate no, tablas” – por Francisco Paula Pérez Parte

Un ruido de tacones al repiquetear con ritmo desigual sobre la fría roca llenaba la mazmorra en penumbra. Allí no llegaban los vítores del exterior, esos desvergonzados cánticos de gloria proferidos sin pudor alguno por los que hace tan solo unas horas eran sus leales súbditos.

En condiciones normales no le habría importado. Ella era la Reina y eso le bastaba. Jamás había necesitado aduladores a su alrededor. Pero hoy aquel silencio que no ocultaba su existencia solo servía para encender aún más su ira, aquella ira de carbón al blanco que abrasaba su ánimo a cada instante.

Él les había prometido muchas cosas. Les había descubierto la libertad, decían. Les traía tiempos de bonanza, campos llenos y tributos bajos. Solo con mirar cómo les hablaba, desde la brillante atalaya plateada de su coraza, ya todos pensaban que la enfermedad y el hambre eran cosas del pasado, frutos de un mal sueño demasiado tiempo soportado.

—Anhelos legítimos de patanes de mente estrecha— jadeó, dejando que algo de su inquina escapase de entre sus agrietados labios.

Alcanzó al fin la luz de una antorcha a la que apenas le restaban unos instantes para verse consumida y forzó su renqueo para rebasarla cuanto antes. Su tiempo, tan exiguo como sus fuerzas, mermaba con cada suspiro. Pronto los hombres del nuevo rey se le echarían encima y entonces… entonces la partida habría terminado y ella no podría hacer justicia.

—Maldito seas. Maldito cien veces. Maldito mil veces— gruñó, arrugando el gesto un poco más mientras tiraba de su pierna golpeada con el resto del cuerpo para continuar en su implacable avance hacia las entrañas mismas de la oscuridad.

Todo había sucedido tan rápido…

— Ayer en la cumbre, hoy en el lodo. Malditos sean los volubles corazones de la plebe. ¡Malditos sean todos!

El golpe había sido dado con maestría, eso tenía que reconocerlo. No se derroca una estructura de poder como la de ella en apenas unas horas si no se ha planeado todo con un cuidado exquisito y, sobre todo, si no se ha realizado un trabajo sinuoso y rastrero a espaldas del mundo durante años.

—Mi hijo. Mi propio hijo— susurró a las frías paredes de piedra que flanqueaban su penoso avance, reprimiendo un sollozo —. No. No puedo venirme abajo ahora. No puedo permitírmelo todavía. No hasta hacer justicia. Ya habrá tiempo para descansar… o lo que sea… cuando todo haya acabado.

El Príncipe, adalid incólume del pueblo victorioso, había derrotado a la oscuridad llevando al trono la luz de la virtud. La muchedumbre enfebrecida coincidiría en eso, por supuesto. Ya solo faltaba dar por concluida la improvisada ceremonia pública de coronación para dar por zanjado el asunto. La malvada reina había sido derrocada, y con ella se irían todas las desgracias que habían concurrido en el reino en los últimos años. Al fin y al cabo, ¿acaso no se trataba de una terrible bruja que hacía pactos con el diablo y que había vendido su alma, no una sino cien veces, para lograr sus oscuros fines de corrupción y poder sin medida? ¿Acaso no bebía sangre de niños torturados en la privacidad de su alcoba, y se bañaba en licor y leche de loba en compañía de sus cohortes de esclavos amantes mientras su pueblo pasaba hambre, frío y toda clase de vicisitudes?

—Demasiado tiempo he desoído esos absurdos murmullos de taberna. Ahora ya es tarde. La serpiente ha vencido a la mangosta. Pero esto no quedará así. No mientras aún me queden dientes— aseguró, notando al fin el áspero contorno de la puerta oculta bajo sus doloridos dedos.

Con trémula ansiedad accionó el picaporte, antes incluso de haber introducido la llave que llevaba colgada al cuello en la cerradura. Cuando el breve forcejeo llegó a su fin, la Reina entró en la lóbrega estancia y se dirigió sin detenerse hacia el rincón en el que se encontraba uno de sus tesoros más preciados: la daga de Atyanti.  La hoja, de más de un palmo de largo, labrada como una sucesión siniestra de runas entrelazadas, se engarzaba en una empuñadura que se afilaba hasta concluir en una punta estriada de desagradable aspecto. Mucha era la sangre que había corrido por el sinuoso filo de aquel arma, pues fue concebida como herramienta principal a la hora de realizar sacrificios a dioses ya olvidados por la mayoría.

—Pero hoy no, querida… hoy serás mi herramienta de justicia. Hoy serás la que selle mi venganza— le confesó la Reina, casi con cariño. Acababa de encender dos velas púrpura y su luz hacía que del amarillento hueso de la empuñadura y del oscuro acero de la hoja salieran unos misteriosos destellos.

—¡Por el lazo de sangre, yo te invoco! ¡Por el derecho adquirido de una madre, yo te invoco! ¡Por la justicia de quien ha sufrido engaño! ¡Por la venganza que emana de la traición, yo te invoco! ¡Ven a mí, Poder Último, Satisfacción del Más Allá, y permíteme pagar con mi sangre por sacar a la luz la verdad, cubriendo con mi gesto el destino del que cree poder derrotar y expulsar a la dueña y señora de estas tierras con la sola fuerza de su espada!— aulló, alzando los brazos ante el atril en el que tantas veces antes habían encontrado su final las vidas de aves de corral y animalejos varios. Los ecos del ruido de las botas de los soldados del príncipe ya resonaban por el pasillo.

—¡Y si mi reivindicación es ilegítima, Juez Supremo, llévate mi alma y entiérrala en su sufrimiento! ¡Que sufra solo yo las consecuencias de mi locura! Pero en caso contrario… ¡muera conmigo el causante de mi mal y desaparezca de la faz de la tierra su memoria!

El metal rasgó entonces la garganta de la Reina, vertiendo sobre el suelo de piedra su granate contenido. En ese momento, las botas del pasillo callaron mientras, en el exterior, la muchedumbre enmudecía como antesala del olvido.

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La Asociación Cultural Tiramisú Entre Libros nació en 2011, formada por un grupo de escritores, lectores amantes de la literatura y algunos colaboradores de la web Anika Entre Libros que querían mantener el espíritu tan especial que se creó durante el I Encuentro Nacional Anika Entre Libros en Madrid, organizado por Elena Martínez Blanco durante los días 30 y 31 de Enero de 2011. Tras dos años de actividad ininterrumpida todos los meses organizando los famosos “Tiramisús” tanto en Madrid como en Valencia, la asociación tomó la decisión de cerrar, entre otros motivos, por puro agotamiento. Un año después, en 2014, salimos de nuestro letargo con ánimos y sangre renovada para iniciar nuevas actividades culturales y literarias que esperamos sean de vuestro agrado. No pretendemos realizar actividades todos los meses porque, de momento, somos conscientes de la imposibilidad de hacerlo por falta de medios. Serán actividades puntuales, como el I Festival de Literatura Infantil y Juvenil de Tres Cantos, o algunas de nuestras antiguas reuniones de Tiramisú. Entre las propuestas que nos han llegado ya, colaboraremos algunos meses con el bar Cadillac Solitario (C/ Fermín Caballero, 6, Madrid), que quiere lanzar una actividad cultural contando con nosotros. Os mantendremos informados. Puedes contactar con nosotros en: tiramisuentrelibros@gmail.com
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